Aproximación al pensamiento de Heidegger sobre la técnica

¿Es la técnica un simple conjunto de herramientas? Para Heidegger, no. En «La pregunta por la técnica» sostiene que su esencia es la Gestell, un modo de desocultar el mundo que convierte a la naturaleza en un fondo de reserva disponible y que amenaza con reducir al ser humano a la misma condición. A partir de este recorrido, prepararemos el terreno para adentrarnos en lo propio de la técnica digital actual.

La pregunta por la técnica: la esencia de la técnica no es lo técnico

Fiel al sello de su pensamiento, Heidegger trata de abordar el asunto de la técnica a través de una aproximación mediante la historia del ser, es decir, el modo en que éste se oculta y desoculta a lo largo del tiempo histórico. En su conferencia La pregunta por la técnica (1954), Heidegger se interesa por ese carácter universal que está vinculado a la técnica, como algo en torno a lo que giran una época y una civilización concretas. Aquí se pregunta por la esencia de la técnica y, al inicio del texto, sostiene que “La técnica no es igual que la esencia de la técnica” (Heidegger, 1954). Esto quiere decir que la esencia de la técnica no se identifica con las herramientas que produce ni con algo técnico en sentido estricto, sino que remite directamente a un modo específico del des-ocultar dentro de un paradigma histórico. Asimismo, Heidegger considera que la técnica no es neutral, pues en ella subyace siempre una orientación, un destino del ser, que no depende necesariamente de la mera voluntad humana. En este sentido, sostiene que la llamada “determinación instrumental y antropológica de la técnica” (Heidegger, 1954) que es la concepción común y habitual que tenemos de ella, no nos sirve aún para acercarnos a su esencia de forma verdadera. Esta determinación instrumental y antropológica de la técnica es lo inmediatamente dado y puede constituir un punto de partida a nivel fenomenológico, pero a Heidegger esto le resulta insuficiente y considera que hay que ir más allá del sentido común para descubrir su verdadera esencia.

Técnica antigua y técnica moderna: de la póiesis a la provocación

A lo largo del texto se establece una marcada diferencia entre la técnica antigua y la técnica moderna. Si bien ambas técnicas son un modo del desocultar, un producir, la técnica antigua se caracteriza por un “traer a la presencia” –her-von-bringen– que respeta la esencia de la cosa producida. Por ejemplo, en la fabricación del cáliz de plata, el orfebre no impone una forma violenta sobre el material, sino que lo acoge y deja aparecer el recipiente en su verdad, permitiendo que la plata se muestre como plata y el cáliz como cáliz, y acompañando de modo respetuoso a la materia durante todo el proceso. De este modo considera que la esencia de la técnica antigua es la póiesis, como un movimiento que responde a lo que la cosa ya es un su mostrarse y que la deja ser en su verdad. En cambio, la técnica moderna se caracteriza por un movimiento distinto. Al hablar de ella Heidegger dice:

“Ahora bien, el desocultar que domina a la técnica moderna no se despliega en un pro-ducir en el sentido de póiesis. El desocultar imperante en la técnica moderna es un provocar que pone a la naturaleza en la exigencia de liberar energías, que en cuanto tales puedan ser explotadas y acumuladas” (Heidegger, 1954).

Esto significa que la técnica moderna le impone a la naturaleza un sentido y un fin predeterminados. Ya no se trata de que las cosas se muestren por sí mismas, sino de interpelarlas violentamente, de exigirles algo. Así obtenemos, por ejemplo, que el Rin deja de ser un río para convertirse en un mero proveedor de energía hidráulica, que un terreno se desoculta como región carbonífera, y que el suelo mismo se convierte en un simple yacimiento de minerales disponibles para su extracción. El carácter fundamental de la técnica moderna es el de esa provocación que persigue descubrir las energías ocultas de la naturaleza para, acto seguido, transformarlas, almacenarlas y distribuirlas. Esto hace que lo así establecido se revele como Bestand –constante–, es decir, que la naturaleza y todo lo real pasen a ser considerados como un almacén de existencias o un fondo de reserva disponible. Es así como Heidegger llega a la conclusión de que la esencia de la técnica moderna ya no es la póiesis antigua, sino lo que él denomina como Gestell: “Dis-puesto significa lo reunidor de aquel poner, que pone al hombre, esto es, lo pro-voca, a desocultar lo real en el modo del establecer en cuanto lo constante.” (Heidegger, 1954).

¿Qué es la Gestell? La esencia de la técnica moderna según Heidegger

La Gestell, que puede ser traducida como “lo dispuesto”, “marco” o “estructura de emplazamiento” es entonces la esencia de la técnica moderna. No se trata de un conjunto de aparatos o de una simple actividad humana, sino del modo en que el ser mismo se desoculta en la época moderna: un desvelamiento que interpela y desafía a la naturaleza, exigiéndole que se entregue como un fondo de reserva disponible –Bestand–. La Gestell es el destino del ser que ordena y dispone lo real bajo la forma de la disponibilidad calculable, ocultando al mismo tiempo su propio carácter de desocultamiento. En este marco impositivo el hombre se revela como el agente de la provocación sobre la naturaleza. Sin embargo, sería erróneo concluir que el hombre es el dueño y señor de la técnica, pues éste no decide cómo se le va a mostrar el mundo y realmente se ve empujado a verlo como un simple fondo de reserva. Es decir, que el hombre se encuentra provocado a provocar, de modo que incluso los llamados “recursos humanos” son un elemento más dentro del engranaje productivo. Es por ello que la Gestell también le impone al ser humano una función previamente asignada.

“Sólo en cuanto que el hombre, por su parte, está provocado ya a pro-vocar las energías de la naturaleza, puede acontecer este desocultar establecedor. Si el hombre está pro-vocado y establecido para eso, entonces ¿no pertenece el hombre, más originariamente aún que la naturaleza, a lo constante (Bestand)?” (Heidegger, 1954).

En el texto podemos ver cómo el propio Heidegger se muestra bastante ambiguo con respecto al rol del hombre dentro de la técnica moderna. Por un lado, en la cita anterior sugiere que el hombre también forma parte del Bestand dentro de la lógica de la Gestell. Pero unas líneas más adelante, matiza: “precisamente porque el hombre esta pro-vocado más originariamente que las energías naturales a saber, al establecer, no llega jamás a ser un mero constante” (Heidegger, 1954). El hombre es, en efecto, interpelado por la Gestell, pero es al mismo tiempo quien ejecuta ese desocultamiento. Y es en esa ejecución donde el hombre no se ve reducido del todo a un mero objeto disponible, aunque, por otro lado y simultáneamente, se vea constantemente amenazado por esa posible reducción. Hay aquí una tensión no resulta en el pensamiento heideggeriano, sobre la que estaremos orbitando en otros microensayos acerca de la técnica digital actual.

Siguiendo las explicaciones de Ramón Rodríguez en Heidegger y la crisis de la época moderna (2006), podemos decir que, para Heidegger, la técnica moderna supone la consumación definitiva del pensamiento metafísico: un pensamiento que ha dominado la civilización occidental desde la Grecia antigua hasta bien entrado el siglo XX. Heidegger considera que la metafísica piensa el ser a partir del ente, ignorando así la “diferencia ontológica” y con ello la pregunta por el ser mismo, que queda definitivamente desplazada. Para profundizar un poco más en esta consumación, conviene explicar qué es metafísica y qué papel juega dentro del pensamiento heideggeriano.

¿Qué es metafísica para Heidegger?

La filosofía de Heidegger mantiene una relación bastante ambigua y tensa con la metafísica: su pensamiento nace dentro de esta tradición, pero a la vez trata de mostrar sus límites internos y el olvido del ser que la define. Heidegger explica que la metafísica es algo que piensa el ser a partir del ente, de modo que el ser queda identificado con la presencia y se lo da por supuesto. Con ello se obtiene que la metafísica no alcanza a pensar el ser como tal, sino que se revela como un modo histórico de pensar que ya predetermina de antemano lo que puede aparecer como verdadero.

“La metafísica no se hace cargo del ser mismo como ámbito en el que los entes son, sino que al pensar el ente en cuanto ente se vuelca en lo presente, en lo manifiesto y, por tanto, desligándolo de su origen en el proceso de iluminación” (Rodríguez, 2006)

Como decíamos, la metafísica olvida lo que Heidegger define como la “diferencia ontológica” –la diferencia entre el ser y el ente–, de modo que en ese olvido se habla del ser como si fuera un ente supremo, un fundamento último o una causa primera. Así es como la metafísica ilumina al ente pero deja en la sombra el ser. Ahora bien, este olvido no es un defecto accidental de la metafísica sino su condición de posibilidad: sólo puede desplegarse precisamente porque el ser permanece oculto. “El olvido del ser es su interna condición de posibilidad, el terreno en el que la metafísica se asienta” (Rodríguez, 2006). Al estar sus conceptos y categorías orientados hacia el ente, la metafísica se vuelve estructuralmente incapaz de preguntarse por el ser mismo. La historia de la metafísica se concibe así como una serie de modos históricos en los que el ser se ha ocultado y desocultado, siempre con un predominio del ente en cada interpretación. Pero ese olvido no es casual sino un destino histórico. Y en este sentido, la metafísica se vincula directamente con el nihilismo, en la medida en que supone el agotamiento y final de sus propias interpretaciones del ser.

La técnica como consumación del pensamiento metafísico

Llegados a este punto cabe preguntarse: ¿por qué la técnica moderna supone la consumación de la metafísica? Porque la técnica, en cuanto producción, se encuentra en el ámbito del desocultamiento y por lo tanto en el ámbito de la verdad. Esto la sitúa en el corazón de unos de los objetivos centrales de toda metafísica, que es el desocultamiento del ente: “en cuanto modo peculiar de desencubrir, la técnica es metafísica, pues ésta es siempre un mostrar el ente como ente de esta o aquella manera” (Rodríguez, 2006). Ahora bien, la técnica moderna no es un simple modo de producción entre otros, sino que implica una configuración de la “imagen del mundo” (Heidegger, 1938) que trata de establecer a priori el modo en que las cosas se nos aparecen bajo el esquema moderno sujeto-objeto: el ente se desoculta finalmente bajo la forma de Bestand, es decir, como fondo de reserva disponible para el dominio humano. Pero esta disponibilidad no es neutral, pues responde a la lógica metafísica de la voluntad de poder, según la cual el ente es valioso en tanto que puede ser sometido y controlado por el ser humano.

Además, en la técnica moderna impera una actitud de insistencia en lo descubierto –actitud que atraviesa a toda la metafísica–, lo que implica el abandono del fondo mismo de desocultamiento del que todo desocultar procede. Este abandono es, precisamente, lo que Heidegger entiende como el olvido del ser.

Por todo ello la técnica moderna no es simplemente una forma de metafísica, sino su figura definitiva. Se trata de un sistema de organización total de la realidad que extiende la idea de que todo es producto del hombre y que todo puede ser puesto a su servicio. Hay, pues, una ideología inherente a la técnica moderna donde el hombre está solo consigo mismo y su propio poder, en una época en la que se halla más cerca que nunca de ser él mismo reducido a la condición de objeto. En este sentido, “va el hombre sobre el borde más escarpado del precipicio; esto es, va hacia un punto en que él mismo no podrá ser tomado sino como constante” (Heidegger, 1954).

Ésta advertencia señalaba un peligro que por aquél entonces aún no se había consumado, pues el hombre seguía siendo quien ordenaba y disponía del Bestand, y la posibilidad de que fuese reducido a objeto era aún considerada como un riesgo eventual. En otros microensayos veremos que esta posibilidad ha llegado a una cierta realización, aunque no exactamente en la forma en la que Heidegger lo planteaba, pues parece que se refería al ser humano como una pieza más del engranaje industrial, y no tanto como algo de lo que se extraen directamente los recursos.

Si pensamos en la técnica digital, en tanto que derivación de la técnica moderna, podemos decir que su esencia sigue siendo la Gestell –estructura de emplazamiento–. Pero se trata de una Gestell que ya no se limita a la extracción de recursos naturales, sino que amplía ahora sus dominios hacia la extracción de recursos psíquicos.

Referencias:

Martin Heidegger – La época de la imagen del mundo. (1938)
Martin Heidegger – La pregunta por la técnica. (1954)
Ramón Rodríguez – Heidegger y la crisis de la época moderna. (2006)

La imagen destacada de este artículo ha sido generada con ayuda de inteligencia artificial. Más información
Enviar por
WhatsApp
Email
Compartir en redes

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿Tienes tu propio blog o web con Webmentions? Puedes responder a este artículo desde ahí. Escribe tu respuesta en tu web incluyendo un enlace a esta publicación, y luego pega aquí abajo la URL de tu respuesta (no la de este artículo). Tras comprobarlo, tu respuesta aparecerá automáticamente en esta página como si fuera un comentario. Si ya enviaste una respuesta y quieres actualizarla o borrarla: edita o elimina la entrada en tu propia web, y vuelve a pegar aquí la misma URL para que se actualice. ¿Qué es Webmention?

Idiomas
Aviso traducción

Se está utilizando un plugin de traducción automática para los distintos idiomas, por lo que es posible que algunos significados y matices de los textos originales no sean traducidos correctamente del español.