Comentario crítico sobre la Psicopolítica de Byung-Chul Han

En este comentario crítico sobre la Psicopolítica de Byung-Chul Han, se cuestionan algunas de las ideas y reflexiones que el autor plantea. ¿La autoexplotación ha hecho desaparecer la explotación ejercida por otros? ¿La interiorización de la mirada del poder es realmente una novedad? ¿Qué hacemos con el Big Data? ¿Hay alternativas? ¿Merece la pena entregarse a una absoluta despolitización?

¿La autoexplotación implica que haya desaparecido la explotación ejercida por otros?

Una de las concepciones más interesantes de Han en esta obra, es aquella que muestra cómo la libertad personal puede convertirse en un instrumento de dominación por parte del sistema neoliberal. Aun así, la constatación del fenómeno de la autoexplotación no implica necesariamente que haya desaparecido la explotación ejercida por otros. “La autoexplotación sin clases le es totalmente extraña a Marx. Esta hace imposible la revolución social, que descansa en la distinción entre explotadores y explotados” (Han, 2014). Aquí Han parece asegurar que la concepción marxista de la explotación ya ha quedado obsoleta pero, ¿realmente es así?, porque en la actualidad parece que asistimos a una superposición de ambas lógicas: por un lado, el individuo interioriza el imperativo del rendimiento y se gobierna a sí mismo según los criterios del mercado; pero por el otro, el individuo sigue estando sometido a una serie de estructuras económicas, empresariales y tecnológicas, que organizan materialmente sus condiciones de trabajo y existencia. Es posible que el individuo pueda autoexplotarse en un momento determinado, pero es difícil pensar que ese mismo individuo desee autoexplotarse constantemente a lo largo de toda su vida. También resulta difícil de sostener que ese impulso explotador sea algo que emerge de forma espontánea en el interior del individuo, y que sea al margen de una dinámica de explotación preexistente que actúa de manera evidente desde el exterior.

Por otro lado, Han afirma que la distinción marxista entre explotadores y explotados ha desaparecido, pero quizá sea más preciso decir que ésta distinción se ha transformado. La explotación se gestiona ahora mediante instancias no humanas, como los algoritmos, que organizan y optimizan la conducta sin recurrir a la coerción directa. No obstante, el rendimiento extraído por estos sistemas no se distribuye de forma horizontal, ya que en última instancia son los propietarios de las plataformas digitales y sus empresas clientes las que obtienen los beneficios. Desde esta perspectiva, la distinción entre explotadores y explotados –o incluso autoexplotados– no desaparece, y la asimetría económica por la cual unos trabajan y generan rendimientos, mientras que otros obtienen las ganancias, es algo que a nivel teórico se mantiene esencialmente intacto.

En resumen, cabe decir que este concepto de la autoexplotación puede resultar un tanto problemático. Si presentamos la explotación como un fenómeno que el sujeto se inflige a sí mismo, corremos el riesgo de diluir la responsabilidad de los verdaderos beneficiarios del sistema y de invisibilizar la explotación que efectivamente se ejerce en las diversas estructuras económicas, políticas y tecnológicas actuales. Con este concepto, Byung-Chul Han parece estar responsabilizando exclusivamente al individuo de la explotación, en la misma lógica neoliberal del «tú puedes» que él tanto critica. Por otro lado, la “alienación de sí mismo” que Han describe es algo que ya había sido conceptualizado por Marx en su definición original de la alienación, lo que de algún modo refuerza la idea de una continuidad estructural que no termina de encajar con una «radical ruptura posmarxista».

Interiorizar la mirada del poder ¿es algo exclusivo de la psicopolítica?

Respecto a la interiorización del poder propia de la psicopolítica, podemos ver que tampoco se trata de una novedad absoluta. Ya en las sociedades disciplinarias analizadas por Foucault (1976) en Vigilar y castigar, vimos cómo la vigilancia acababa siendo incorporada por los propios sujetos. El panóptico no funcionaba tanto porque el vigilante mirara efectivamente, sino porque el vigilado actuaba como si siempre estuviera siendo observado. Una vez interiorizada la mirada del poder, el sujeto se acostumbraba a ella y terminaba por comportarse conforme a la norma y a lo que se esperaba de él. Lo novedoso de la psicopolítica no es tanto la interiorización del poder, sino un desplazamiento de éste hacia un nuevo plano técnico y afectivo: el poder ya no opera mediante la mirada, sino que lo hace a través de la cuantificación, la predicción, y la modulación de las conductas de modo flexible. Y aunque este nuevo poder muestre una cara más amable, el resultado sigue siendo el mismo que en las sociedades disciplinarias: una subjetividad que coopera activamente en su propia dominación.

De la biopolítica jurídica a la psicopolítica algorítmica

En cualquier caso, si la biopolítica tuvo como expresión paradigmática lo jurídico –el derecho como técnica de administración de la vida, siguiendo las reflexiones de Esposito y Agamben– ¿cuál sería la expresión o el dispositivo propio de la psicopolítica? No parece que pueda ser ya el derecho, pues en el ecosistema digital la dominación no opera principalmente a través de la norma y la prohibición. Tampoco basta con identificarla con el psicoanálisis, aunque Han sugiera que la psicopolítica actúa sobre las capas más profundas de la subjetividad. Tal vez habría que pensar en un nuevo dispositivo, que tenga en cuenta que el gobierno de la psique se basa en la extracción y circulación de datos afectivos y conductuales. Del mismo modo que el derecho codifica jurídicamente la vida biológica, es necesario reflexionar sobre la codificación algorítmica de la vida psíquica. Donde antes había sujetos jurídicos ahora hay perfiles conductuales, objetos; y donde antes había leyes ahora tenemos correlaciones de datos y diseños algorítmicos.

Big Data,«segunda ilustración» y por qué Han reclama una tercera ilustración

Desde esta perspectiva, el Big Data se aparece como el gran operador epistemológico de nuestra época. Han habla de una “segunda ilustración” (2014) basada en la estadística personalizada. Si la primera ilustración utilizó la estadística para liberarnos del mito y producir una racionalidad social objetiva –el hombre promedio, la norma–, la segunda ilustración vuelve la estadística hacia el propio sujeto, convirtiéndolo en una especie de agregado de objetos, y disolviendo toda normatividad en una multiplicidad de perfiles de datos. Sin embargo, lejos de conducir a una racionalidad más profunda, esta segunda ilustración parece coincidir paradójicamente con una vuelta al conocimiento mítico, manifestándose en la proliferación de imágenes, los relatos emocionales, las teorías conspirativas y los fanatismos identitarios. Así las cosas, se obtiene que Big Data y mito no son opuestos sino complementarios. Se produce una numeración sin narración, donde los datos no explican nada pero producen una serie de imágenes que nos seducen. El dataísmo no elimina el mito, sino que consigue reactivarlo en forma de consumo emocional y tribalización identitaria. “Por eso es necesaria una tercera ilustración que revele que la Ilustración digital se convierte en esclavitud” (Han, 2014). Si la primera ilustración se apoyó en la estadística y la segunda en el Big Data, ¿en qué debería apoyarse esta tercera ilustración? Han no da muchas pistas al respecto, pero quizá se podría empezar por una crítica de ambas ilustraciones: una racionalidad capaz de integrar datos y narración, numeración y sentido. Podría pensarse como un proyecto que recupere la exigencia de verdad sin renunciar a la complejidad, y que someta los algoritmos a auditorías públicas en un intento de establecer un espacio de deliberación racional. Se trata, en definitiva, de invertir la lógica para poner los algoritmos al servicio de la humanidad y del bienestar social, en la línea de lo que proponen autores como Maurizio Ferraris (2024) en Manifiesto del Webfare. De la guerra de los datos al bienestar de los datos.

¿Cómo resistir a la psicopolítica? Algunas conclusiones

La cuestión definitiva es si frente a un régimen algorítmico orientado a anticipar comportamientos, queda todavía lugar para lo improbable y el acontecimiento. Aunque “el Big Data es ciego ante el futuro” (Han, 2014), lo cierto es que la gubernamentalidad algorítmica (Rouvroy & Berns, 2013) muestra una capacidad creciente para integrar el futuro e incluso las desviaciones como nuevos datos, ampliando así su campo de anticipación. La gubernamentalidad algorítmica opera sin norma previa, sin sujeto y sin prueba, modulando tendencias futuras y volviendo inoperante la desobediencia jurídica clásica. En este contexto, la resistencia difícilmente puede articularse como desviación individual, ya que ésta será rápidamente absorbida por el propio sistema de dominación. Quizá sea más efectivo pensar en nuevas creaciones colectivas de sentido, narraciones que consigan imponerse a la numeración digital, acontecimientos que no puedan ser reducidos a patrones. En cualquier caso, se trataría de asimilar por completo el funcionamiento de la psicopolítica para crear nuevas formas de resistencia justamente desde ahí. Y entonces la política podría reaparecer como campo de invención y no como mera gestión. Pensar en la superación de la psicopolítica como un régimen ontológico que produce realidad, subjetividad y conocimiento, requiere algo más que resistencia individual: exige crear nuevas armas conceptuales e institucionales. Aunque Han pueda mostrarse bastante pesimista en sus reflexiones, conviene recordar nuevamente y de forma insistente que “no hay lugar para el temor ni para la esperanza, sólo cabe buscar nuevas armas” (Deleuze, 1990).

En definitiva, podemos reconocer en Byung-Chul Han una cierta habilidad para ocupar un espacio conceptual que parecía estar esperando a ser ocupado: si las sociedades disciplinarias descritas por Foucault se articulaban en torno a la biopolítica, y si Deleuze anunciaba la emergencia de las sociedades de control, Han completa esta “regla de tres” proponiendo la psicopolítica como la forma de poder emergente en las sociedades de control digitales. Mas allá de esto, se puede percibir una cierta tendencia a la despolitización en su pensamiento. El énfasis de Han en el solipsismo del sujeto neoliberal parece fomentar el individualismo, y tiende a invisibilizar las dimensiones colectivas del poder y las posibilidades de resistencia política. Nos presenta la psicopolítica como un destino casi cerrado donde la dominación es total y la acción colectiva queda completamente anulada.

La respuesta política no puede ni debe ser eliminarte todos los perfiles en redes sociales para quedarte en tu casa regando plantas y tocando el piano al margen del mundo. Si el diagnóstico sobre la situación actual se queda en una serie de lamentos y suspiros mientras estás tirado en el diván, casi que lo mejor habría sido no molestarse en hacer ningún diagnóstico.

Referencias:

Antoinette Rouvroy & Thomas Berns – Gubernamentalidad algorítmica y perspectivas de emancipación. (2013)
Byung-Chul Han – Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. (2014)
Gilles Deleuze – Post-scriptum sobre las sociedades de control. (1990)
Maurizio Ferraris – El manifiesto del Webfare: de la guerra de los datos al bienestar de los datos. (2024)

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