¿Qué es la psicopolítica de Byung-Chul Han?
En Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder, Byung-Chul Han (2014) nos presenta un régimen neoliberal en el que se ha producido una transformación de las dinámicas de poder. Frente al modelo disciplinario descrito por Foucault (1976), basado en la prohibición, la norma y el castigo; emerge ahora una forma de poder mucho más eficaz: un poder que no reprime sino que seduce, que no prohíbe sino que incita, y que no somete desde fuera sino que explota desde el interior. “El neoliberalismo es un sistema muy eficiente, incluso inteligente, para explotar la libertad” (Han, 2014).
El sujeto de rendimiento: cuando la libertad se convierte en dominación
En este nuevo paradigma, la libertad deja de ser un espacio de emancipación y pasa a convertirse en el principal instrumento de dominación. El sujeto ya no se concibe como un individuo sometido a una autoridad externa, sino como un proyecto de permanente autorrealización. El antiguo imperativo del “debes” disciplinario es desplazado por el “puedes” neoliberal, y es en esta aparente ampliación de la libertad personal donde se produce una intensificación de la dominación: el sujeto se explota a sí mismo en nombre de su propio rendimiento. Tal y como plantea Han, “este es el destino del sujeto, que literalmente significa ‘estar sometido’” (Han, 2014). El sujeto neoliberal ya no se reconoce como dominado porque se percibe a sí mismo como un emprendedor, como un proyecto.
Esta lógica se ve reforzada por la expansión de lo digital. La exigencia de transparencia convierte toda experiencia en información y todo sujeto en datos. El panóptico digital, a diferencia del panóptico disciplinario, ya no necesita de un vigilante externo: es el propio individuo quien se expone voluntariamente, quien produce los datos que permiten su control y quien colabora activamente en su propia vigilancia. “La persona misma se positiviza en cosa, que es cuantificable, mesurable y controlable” (Han, 2014).
El topo y la serpiente: de la sociedad disciplinaria a la sociedad de control
Han retoma la metáfora del topo y la serpiente propuesta por Deleuze (1990) en su Post-scriptum sobre las sociedades de control. El topo representa al sujeto disciplinario: un cuerpo sometido en instituciones cerradas, un trabajador discontinuo que está vigilado desde fuera. La serpiente, en cambio, simboliza al sujeto del control neoliberal: ya no es un cuerpo encerrado, sino un alma que opera en espacios abiertos; un empresario de sí mismo que ejerce un trabajo continuo incluso en sus tiempos de ocio y descanso. Porque el sujeto neoliberal no obedece, sino que se siente permanentemente en falta de algo: debe auto-optimizarse, rendir más, producir más. Como escribe el propio Han, “la serpiente encarna sobre todo la culpa, las deudas que el régimen liberal establece como medios de dominación” (Han, 2014). Esta asociación entre serpiente, culpa y deuda, adquiere una cierta profundidad simbólica si se la pone en relación con la lectura que hace Walter Benjamin (1921) sobre el capitalismo como una forma de religión, autor con el que Han dialoga habitualmente. Con esta metáfora, Han parece realizar una pirueta teórica: la serpiente del pecado original, como símbolo del nacimiento de la culpa en la tradición judeocristiana, reaparece ahora transfigurada en el sujeto neoliberal, atrapado en un régimen económico que convierte la culpa y la deuda en una forma de existencia. De este modo, la metáfora deleuziana le permite a Han situar el sistema neoliberal en una genealogía mucho más amplia, donde economía, teología y política se entrelazan. El capitalismo no sólo gobierna conductas sino consciencias, y consigue adoptar la experiencia misma de la culpa en favor del rendimiento económico.
De la biopolítica a la psicopolítica: cómo el poder llega a la psique
Partiendo del concepto de biopolítica desarrollado por Michel Foucault (1974), Han trata de seguir el hilo para introducir su propia noción de psicopolítica. En un primer momento, el llamado poder soberano propio de las sociedades feudales, se basaba en la producción agraria y en la gestión directa de la vida y la muerte. Posteriormente, el poder disciplinario que emerge con la industrialización, se organiza en torno a la producción fabril y se ejerce mediante instituciones cerradas como la fábrica, la escuela, el hospital o la cárcel. Estas instituciones tratan de moldear los cuerpos y regular los comportamientos para integrar al individuo en los distintos sistemas productivos. Pero aunque este poder opera tanto sobre el cuerpo como sobre la mente, Han considera que todavía no se dirige de forma tan directa hacia la psique. Es en la sociedad de control, finalmente, donde se articulan unas formas de producción mucho más abstractas y terciarias, tal y como podemos ver en el entorno digital actual con la circulación constante de informaciones, servicios y datos.
En este nuevo contexto, el poder ya no se limita a disciplinar cuerpos, sino que busca intervenir directamente en los procesos psíquicos. Mientras que la sociedad disciplinaria se apoyaba en instrumentos como la demografía y la estadística, la sociedad de control se basa en una especie de psicografía y en el Big Data, es decir, en una estadística personalizada orientada a la predicción y modulación de las conductas. Ya lo anticipaba el propio Deleuze: “los encierros son moldes o moldeados diferentes, mientras que los controles constituyen una modulación, como una suerte de moldeado autodeformante que cambia constantemente y a cada instante, como un tamiz cuya malla varía en cada punto” (Deleuze, 1990). De este modo el panóptico deja de ser un medio óptico, y se convierte en una red digital de vigilancia permanente, flexible y ubicua.
Para justificar y profundizar en la conceptualización de la psicopolítica, Han sostiene que el propio Foucault, en sus últimos trabajos y conferencias de finales de los años setenta, comienza a percibir los límites del modelo disciplinario para describir las nuevas formas de poder emergentes. Al centrar sus análisis en las formas de gobierno neoliberales, Foucault se desplaza progresivamente hacia el estudio de las llamadas “tecnologías del yo”, anticipando así algunos de los rasgos fundamentales de la psicopolítica contemporánea. Según Han, la psicopolítica se vincula a un régimen de producción inmaterial e incorpórea, basado en informaciones, programas y servicios. El cuerpo es convertido en producto mediante las prácticas de autooptimización y autoexposición, y el sujeto ya no vende únicamente su fuerza de trabajo sino su propia subjetividad. Han describe así como el neoliberalismo se apropia de las “tecnologías del yo” analizadas por Foucault, y consigue integrarlas en una lógica de dominación mucho más eficaz, dado que ya no actúan en contra de la libertad, sino que la fomentan para posteriormente ejercer un control sobre la libertad misma.
Positividad y negatividad: por qué la autooptimización lleva al agotamiento
Han articula sus análisis en torno a la distinción entre positividad y negatividad –algo central y recurrente a lo largo de toda su obra–, sirviéndose de ésta conceptualización hegeliana para hacer un diagnóstico sobre la sociedad contemporánea. La negatividad, entendida como límite, resistencia e interrupción, constituye una condición esencial de la vida y de la libertad. La positividad absoluta, en cambio, elimina toda distancia, toda alteridad y todo conflicto, produciendo una forma de existencia cerrada sobre sí misma. Desde esta perspectiva, la cultura contemporánea de la autooptimización aparece como una dinámica radical de positividad: el sujeto se concibe como un proyecto de mejora permanente, orientado a eliminar cualquier forma de imperfección. Pero esta búsqueda constante de rendimiento no conduce a una vida más plena, sino a una forma de autodestrucción: al tratar de eliminar la negatividad externa, el sujeto se ve privado del movimiento dialéctico que hace posible el desarrollo del espíritu. La negatividad ya no puede ser asumida y superada, sino que retorna de forma patológica en el interior del individuo bajo la forma del agotamiento, la depresión o la autoagresión. La dialéctica hegeliana queda bloqueada y pospuesta de forma indefinida: el proceso de mediación y superación se ve sustituido por una repetición infinita de positividad y rendimiento donde el espíritu ya no puede realizarse. “Sin negatividad, la vida se atrofia hasta el ‘ser muerto’” (Han, 2014)
Siguiendo con este marco, las formas clásicas de dominación basadas en la violencia y el trauma van perdiendo centralidad. La lógica del shock, tal como la describe Naomi Klein, corresponde a un modelo disciplinario sustentado en la negatividad: el miedo, la ruptura y la desorientación. “La terapia se shock es una técnica genuinamente disciplinaria” (Han, 2014) porque en la sociedad de control el poder ya no necesita recurrir a la coerción directa. La dominación se ejerce a través de la positividad, mediante la seducción, la comunicación constante y la integración voluntaria de los sujetos en las propias dinámicas de dominación. Lo que Han denomina como el “panóptico digital” encarna de modo ejemplar esta nueva forma de poder (Han, 2014), el cual se presenta como un espacio amable, participativo y transparente. Nadie se siente vigilado, pero todos están expuestos. El control se interioriza y adopta la forma de responsabilidad individual y de culpa, al mismo tiempo que extrae información de los individuos, convirtiendo la comunicación e interacción social en una fuente permanente de datos y rendimiento económico.
Capitalismo emocional y ludificación: cuando el ocio también produce
En la actual transformación del capitalismo se da una creciente emocionalización de los procesos productivos y de consumo. Las emociones dejan de ser algo del ámbito privado y pasan a convertirse en fuerzas productivas directamente explotables: “El régimen neoliberal presupone las emociones como recursos para incrementar la productividad y el rendimiento” (Han, 2014). En tanto que performativas, las emociones se convierten en un objeto privilegiado de la psicopolítica, que interviene directamente en la esfera afectiva para estimular la producción y el consumo. En este contexto, también se desdibuja progresivamente la distinción entre tiempo de trabajo y tiempo de ocio. Las dinámicas de ludificación introducen mecanismos propios del juego dentro del ámbito productivo, convirtiendo el trabajo en una actividad aparentemente lúdica. Al mismo tiempo, el ocio se transforma en una actividad de la que también se obtienen rendimientos. Con todo ello, el sujeto permanece permanentemente activado en una temporalidad continua de producción y rendimiento, donde la experiencia del ocio y el descanso queda completamente neutralizada.
Dataísmo y Big Data: la numeración que sustituye al sentido
Este nuevo régimen psicopolítico se apoya de manera decisiva en el desarrollo del Big Data, que inaugura una forma inédita de conocimiento y control. Aquí Han distingue entre la óptica analógica y perspectivista propia de la sociedad disciplinaria, ligada a la mirada y al punto de vista; y la óptica digital propia de la sociedad de control, que es aperspectivista y está basada en la recolección de datos. Emerge así lo que él denomina como dataísmo: una especie de “segunda ilustración” –en analogía con la estadística de la “primera ilustración”– que promete una transparencia total del mundo, pero que en realidad se presenta como una ideología nihilista donde el sentido es sustituido por la simple numeración. El fenómeno del quantified self propio de diversas aplicaciones digitales, ejemplifica perfectamente esta transformación: el yo se descompone en una serie de datos y cifras, que eliminan toda narración y todo simbolismo de la experiencia. El sujeto emite una serie de valores cuantificables como pasos, pulsaciones o estados de ánimo, y al final queda vacío de su interioridad. Los objetos cotidianos se transforman en dispositivos de vigilancia permanente, y el microtargeting se convierte en la praxis general de la psicopolítica para predecir comportamientos y modular las conductas.
Haciendo una analogía con el “inconsciente óptico” del que hablaba Walter Benjamin respecto del cine, Han recurre al concepto del “inconsciente digital” para hablar de las plataformas actuales. Del mismo modo que la cámara revelaba dimensiones de la realidad imperceptibles para el ojo humano, el Big Data pone de manifiesto patrones de comportamiento inconscientes y colectivos. Es así como el poder psicopolítico interviene en las capas más profundas de la subjetividad. Pero este dataísmo no produce un auténtico conocimiento: las correlaciones sustituyen a las causalidades, la acumulación no deviene en comprensión, y la numeración suplanta a toda narración. En un primer momento el Big Data promete una claridad absoluta, pero conduce paradójicamente a una forma de desconocimiento total. Se trata de un saber aditivo, que prioriza la vigilancia continua frente a cualquier forma de conclusión, en sintonía con la lógica de las sociedades de control descritas por Gilles Deleuze (1990), donde los procesos permanecen siempre abiertos y nunca llegan a terminarse del todo en favor de un control constante.
¿Cómo resistir la psicopolítica? La propuesta de la despsicologización
Frente a este régimen de captura total de la subjetividad, Han plantea la necesidad de pensar formas de resistencia que no pasen tanto por la reafirmación del sujeto, sino precisamente por su despsicologización. Siguiendo a Foucault, propone una práctica de distanciamiento respecto de las técnicas de individualización que hacen del yo el principal objeto de control. La resistencia ya no consistiría en reivindicar una identidad, sino más bien en las formas de desactivar los dispositivos que producen y gobiernan la subjetividad. Finalmente, frente a la trascendencia del capital que se autonomiza y aliena de la vida, Han reivindica, siguiendo a Deleuze, una concepción inmanente de la existencia completamente alejada de la trascendencia. Sólo desde una vida que no se deje reducir a datos e información puede abrirse espacio para una experiencia distinta, una experiencia que no pueda ser capturada por la maquinaria de la psicopolítica.